Guerra comercial: llegó la calma, pero no la paz

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Aunque China y Estados Unidos firmaron este miércoles el acuerdo de la primera fase, las negociaciones no han terminado: quedan por discutir los delicados puntos de la fase dos, como los subsidios de las empresas chinas. Factores como las elecciones estadounidenses añaden presión.

El miércoles pasado se hizo historia: China y Estados Unidos firmaron el acuerdo de la fase uno de negociaciones, el primer gran paso para terminar la guerra comercial que libran estas naciones desde hace casi dos años. Este es, de hecho, el tema que más influye actualmente en la economía internacional, ya que ambos países representan el 40 % del PIB del planeta. Por eso el mundo celebra la calma que implica el pacto. Sin embargo, la paz todavía no se ha alcanzado: queda una segunda fase de negociaciones, con puntos tan sensibles que pueden traer de vuelta momentos de tensión en los mercados.

En la fase uno China se comprometió a puntos como no manipular su moneda y a comprar bienes estadounidenses por valor de unos US$200.000 millones en dos años: entre ellos US$50.000 millones en productos agrícolas, US$50.000 millones en energía y US$75.000 millones en manufacturas. Por su parte, Estados Unidos aceptó reducir a la mitad los aranceles que entraron en vigor en septiembre de 2019, que impactaron US$120.000 millones en bienes chinos: pasando de una tarifa del 15 al 7,5 %. Además, el presidente Donald Trump suspendió los aranceles del 15 % sobre unos US$160.000 millones en productos que inicialmente habían sido programados para mediados de diciembre.

No obstante, “los puntos fáciles fueron los que se firmaron el miércoles. Es decir, el acuerdo de la fase uno comprendía asuntos relativamente fáciles de resolver. Los temas realmente sensibles, reclamos y peticiones de varias décadas, son las que se discutirán durante la fase dos de negociaciones. Tal vez el más delicado son los subsidios que china les ofrece a sus empresas, beneficios que las pone en ventaja frente a las demás corporaciones estadounidenses”, explicó Juan David Ballén, jefe de investigaciones económicas de Casa de Bolsa.

Los subsidios que China les dan a sus empresas, como préstamos con tasas preferenciales y energía barata, es una queja mundial. Un cambio en este aspecto impactará, y esto le interesa no sólo a Estados Unidos, sino a todo el espectro de países cuya industria interna lucha por competir con los productos chinos: por ejemplo, el sector textil colombiano lleva décadas denunciando la competencia desleal con los productos chinos de este sector.

La protección de la propiedad intelectual será la otra papa caliente en las negociaciones de la segunda fase. Sin embargo, el acuerdo de la fase uno ya establece la penalización del robo de secretos comerciales y para China la obligación de prohibir robos cibernéticos y el uso de secretos comerciales robados. Y También determina crear mecanismos para resolver disputas sobre patentes de medicinas.

El secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, explicó el miércoles pasado que “la nueva fase de negociaciones comerciales podría segmentarse en 2A, 2B, 2C”. Aunque todavía no hay fechas programadas, el presidente Donald Trump ha mencionado que los resultados de estas negociaciones se conocerían después de las elecciones de noviembre. Un hermetismo frágil, pues estos acuerdos pueden ser uno de los principales activos, o focos de ataques, de la campaña de Trump. De hecho, las críticas ya empezaron.

“China es el gran ganador de la fase uno del acuerdo comercial de Trump con Pekín. Según lo esperado, Trump está obteniendo muy poco a cambio del significativo sufrimiento e incertidumbre que ha impuesto a nuestra economía, agricultores y trabajadores. Casi todos los puntos del acuerdo son vagos, débiles o cubiertos por anuncios anteriores y acuerdos existentes. Por eso no es de extrañar que Trump no quiera que el pueblo estadounidense vea el texto del acuerdo hasta después de su firma”, dijo el candidato presidencial demócrata Joe Biden, citado por Bloomberg News.

Estados Unidos todavía mantiene aranceles por US$360.000 millones sobre productos chinos y Trump ha sido claro al decir que esta es su principal carta para negociar durante la fase dos. Y aunque estas negociaciones se mantengan herméticas, nuevas tensiones pueden surgir a medida que se conozca el grado de cumplimiento de los pactos del primer acuerdo. Después de todo, la fase uno es interpretada como una tregua firmada (el cese de los ataques) y cualquier incumplimiento puede provocar el reinicio del conflicto.

¿Y Colombia?

Javier Díaz Molina, presidente de la Asociación Nacional de Comercio Exterior (Analdex), explica que “para una economía como la colombiana es mejor que no haya este tipo de conflictos, en la guerra todos perdemos y no somos ajenos a esta situación: hemos visto cómo la demanda china se cayó, y eso nos golpeó por la caída de los precios de los productos básicos. Esto explica la baja en nuestras exportaciones en términos de carbón, ferroníquel e incluso petróleo. Nos conviene que se normalicen las relaciones entre China y Estados Unidos”.

Díaz Molina agrega que “el reto para Colombia es seguir diversificando. Tenemos muy concentradas nuestras exportaciones en productos mineroenergéticos. Y al mismo tiempo tenemos que diversificar nuestros socios comerciales, nuestras ventas externas se suelen concentrar en muy pocos países (Estados Unidos, Panamá, etc.)”.

Colombia también necesita que las relaciones entre China y Estados Unidos tengan éxito para estabilizar su tasa de cambio. El fin de la guerra comercial ayudará a que los inversionistas internacionales vean menos riesgosa la economía colombiana, lo que podría ayudar a estabilizar e incluso bajar la tasa de cambio.

Fuente: El Espectador

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