Economía digital, prospectiva y visión Global

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Cada día se desarrollan nuevas estructuras de mercado basadas en los avances tecnológicos e informáticos, los cuales ascienden muy rápidamente y generan innovaciones enfocadas en la integración de las ciencias puras, la investigación y el relacionamiento que genera el uso de las tecnologías de la información.

Pero ¿Qué tanto estamos aprovechando estas tecnologías como instrumento de desarrollo y mejor calidad de vida? ¿Cómo las políticas públicas desarrollan estrategias acordes al nuevo relacionamiento global y el aprovechamiento de la revolución digital?

La economía digital enmarcada dentro de la cuarta revolución industrial se diferencia de las anteriores (incluida la digital de finales del siglo XX) por la velocidad con que van surgiendo nuevos productos y servicios, posicionándose en un entorno trasnacional y, sobre todo, por el impacto de los sistemas de producción industrial de las organizaciones sociales y políticas: una revolución global en todo sentido. La cuarta revolución industrial abraza, entre otros, al mundo físico, digital y biológico. Sin embargo, “lo importante no es la tecnología per se es que hacemos con ella” (Westerman 2019).

La transformación digital impacta a todos los sectores económicos de manera exponencial: como producimos, los mecanismos de comunicación, las tendencias y los nuevos consumidores. El gobierno, la oferta de servicios, la información, la educación y la ciencia son impactadas a una velocidad insospechada. A la electricidad le tomó 45 años llegar al 25 por ciento de los hogares de los Estados Unidos frente a 4 años en cubrir el 100 por ciento de los usuarios de este país. Sin embargo, este indicador es frío frente al aprovechamiento de lo que se puede realizar con el uso de las tecnologías.

Parafraseando a Charles Dickens, este nuevo siglo es para la innovación el mejor y el peor de los tiempos posibles. El internet de las cosas, la ciencia de los materiales, los vehículos autónomos, la robótica, la inteligencia artificial, la impresión 3D, las nanotecnologías, las biotecnologías, el almacenamiento de energía: son algunos de los ámbitos que están cambiando nuestra vida y el mundo que nos rodea, sin embargo, en muchos sentidos es el peor para las empresas innovadoras el mantener sus innovaciones y sus presupuestos de inversión, la agilidad para lanzar productos a un mercado cada vez más interconectado y la generación de océanos azules son a todas luces procesos de destrucción creativa despiadados donde la mano invisible de Adam Smith golpea como un maso a aquellos a quienes el mercado no le responde.

Si bien los mercados tienen una vida propia, la adaptación de las políticas públicas enfocadas a construir ambientes de generación de bienes públicos digitales e infraestructura sostenible. Acercándonos a esta definición debemos reconocer que la digitalización del conocimiento y la expansión de las redes de comunicación que permiten compartirlo, generan condiciones materiales con que los estados deben proveer condiciones de acceso.

Es necesario proteger a la Internet como un servicio público que permita un flujo libre e igualitario de los productos comunes digitales. La neutralidad de la red, un principio que garantiza que no haya una discriminación injustificada entre diferentes paquetes de datos, es otro principio fundamental.

Cuando no existe una regulación que establezca este principio, los proveedores de servicios pueden otorgar privilegios a determinados proveedores de contenidos online, diferenciando el tráfico según sus intereses comerciales. Tener la capacidad legal y técnica de ejercer este poder, equivale a la posibilidad de ejercer un manejo privado arbitrario sobre un servicio de interés público. Los servicios comunes digitales no beneficiarán a las grandes mayorías si no se garantiza el acceso universal a Internet. Según datos de la Unión Internacional de Telecomunicaciones, las tasas de penetración de la Internet varían enormemente por países y regiones.

Los fondos y subsidios públicos para la cultura, la educación, la ciencia y la tecnología son herramientas fundamentales para el desarrollo de servicios comunes digitales. Es necesaria una inversión pública fuerte y decidida en las áreas mencionadas, y es necesario, como ya dijimos en el apartado anterior, que los materiales financiados con fondos públicos queden a disposición libre de toda la sociedad.

Mientras que alcanza al 81 por ciento de la población en los países desarrollados, es de 40 por ciento en los países en desarrollo y de tan solo 15 por ciento en los países menos adelantados, según el último informe global de este organismo (2016), 63.900 millones de personas todavía están excluidas de las posibilidades que brinda la Internet, y por tanto, tienen un acceso restringido a los bienes comunes digitales, así como a su producción e intercambio. La cobertura de la banda ancha móvil más básica (2G) es prácticamente ubicua, pero eso no garantiza una conexión asequible, estable y de calidad.

En nuestro país las cifras son concordantes, actualmente la penetración de la banda ancha de Internet llega a un 46 por ciento, mientras que el acceso a tecnología 4G móvil llega a un 26 por ciento, lo cual indica que uno de cada dos colombianos puede conectarse a la banda ancha, esto significa que las autopistas digitales están por construirse.

La provisión de infraestructura para apoyar la producción de servicios comunes es otra política necesaria. Allí donde haya personas que desean contribuir, no deben faltar las tecnologías que les permitan hacerlo. Artistas, científicos, docentes y gestores culturales, por ejemplo, deberían tener a su alcance infraestructura pública cuando se involucran en iniciativas que requieren tecnologías costosas.

También deben existir espacios públicos (como medialabs, hacklabs, etc) donde los ciudadanos tengan a mano las herramientas y el asesoramiento
para desarrollar proyectos orientados a dar soluciones a problemas de la comunidad. Como contraparte de todas estas políticas, los materiales producidos con el apoyo de infraestructuras públicas deben retornar a la comunidad con licencias libres.

Por: Álvaro Forero, Director de Proyectos Especiales

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