La realidad de una política de cobertura cambiaria

Siempre me ha llamado la atención cómo el tema de la cobertura cambiaria es uno de esos  aspectos que en muchas empresas preocupa más de lo que ocupa. ¿A qué me refiero? A que una gran mayoría de las empresas que están expuestas a un riesgo cambiario (hablando de una empresa de importación, de exportación o incluso aquellas que toman deuda en moneda extranjera) entienden el riesgo y la exposición que tienen en materia de moneda extranjera, igual que muchas de las herramientas que pueden utilizar para mitigarlo, pero por alguna razón no son
capaces de incorporar esas herramientas de protección a su operación.

No es exagerado que los economistas se refieran al tipo de cambio como el precio más importante en una economía abierta: simplemente, no hay otro precio que pueda afectar tantas decisiones y tantos participantes a la vez. Cuando hablamos de cobertura cambiaria no nos referimos a predecir el comportamiento de una moneda determinada, lo que buscamos es establecer una política propia de cobertura del riesgo cambiario que evite tener que adivinar el rumbo de una moneda y, por el
contrario, establezca de una forma clara e instrumental cuál será el objetivo.

Este objetivo cambia dependiendo de la empresa, ya sea porque se intenta proteger el flujo de caja, el P&G, las utilidades brutas, el EBITDA o incluso los dividendos. Del mismo modo, surgen preguntas sobre los instrumentos a utilizar, los montos a cubrir y las fechas de la cobertura para evitar el riesgo cambiario.

Tengamos en cuenta que si tenemos un riesgo de precio, ya sea sobre un commodity, una moneda, una tasa de interés o un portafolio de inversión, y no está establecido algún tipo de cobertura para evitar o mitigar el riesgo, lo que estamos haciendo es especular. Hay que aclarar que no hacer nada en un momento determinado no siempre será especular, la diferencia será si esa falta de cobertura está definida en la política de cobertura como un porcentaje del total del portafolio o si por el contrario se debe a la desidia.

Una política de cobertura tratará siempre de conjugar una disminución de la volatilidad en el movimiento de los precios y en el costo de la cobertura. Casi siempre estos dos aspectos van de la mano, y muchas empresas pueden preferir un mayor nivel de volatilidad con un precio de cobertura más barato. O puede ser que el modelo de negocio permita que sea indiferente el costo de la cobertura y de esa manera eliminar la volatilidad sin importar el costo de la misma.

La política de cobertura no solo incluye: ¿Qué se va a hacer?, si no también: ¿Quién dentro de la compañía tiene la facultad de analizar, ejecutar y evaluar dicha política de cobertura? La necesidad que la política de cobertura sea clara y que sea colegiada hace que las decisiones que se tomen no recaigan de forma exclusiva en una sola persona, sino que las decisiones que se van a tomar sean mecánicas y que todos los involucrados conozcan lo que se está haciendo en cada momento.

Pero quizá los dos aspectos de mayor relevancia sean los montos a cubrir y las herramientas a utilizar para establecer dicha cobertura. En cuanto a los montos, las políticas de cobertura
pueden comprender el 100% de la exposición en un momento determinado (porcentaje que puede alcanzarse de una sola vez o completarse en distintos momentos), o especificar un porcentaje
máximo de cobertura para cada monto de exposición.

La posibilidad de “escalonar” en el tiempo los montos de cobertura permite estructurar una cobertura de promedios, mientras que si se estructura el total de una cobertura en un momento
puntual, se debe ser utilizar con cautela, ya que una vez tomada la cobertura la misma no se podrá beneficiar de un movimiento favorable de la tasa de cambio.

Por último, quizás el aspecto más importante de la política de cobertura sea: ¿Cuál herramienta financiera utilizar para establecer la cobertura? En la misma debe establecerse el mecanismo
o mecanismos a utilizar para establecer la cobertura del riesgo de tipo de cambio. Desde el punto de vista práctico el más utilizado sea el conocido forward, que permite fijar un monto y un precio fijo de compra o de venta en un plazo futuro. Pero también existen las conocidas opciones y la posibilidad hacer distintas combinaciones de estos productos para conseguir una estructura
de cobertura que permita cumplir con los requisitos específicos de cobertura.

En definitiva de lo que se trata es de tener una política que permita que la empresa pueda saber en cada momento cuál será su forma de cubrir el riesgo y que no tenga que estar adivinando, ni
reaccionando al movimiento del mercado.