Colombia no le saca jugo al lío de la carne brasileña

Según los gremios nacionales de los exportadores y de los ganaderos, Colombia en poco o nada se beneficia de la crisis que viven los grandes productores y comercializadores de carne de Brasil, cuyas ventas externas sufren serios tropiezos por cuenta del escándalo de corrupción que afecta a 21 frigoríficos, de los que las autoridades permitían que salieran productos vencidos y no aptos para el consumo humano.

El lío no es de poca monta. Estimativos gubernamentales, recogidos por medios de prensa, indican que el obrar cómplice entre la mafia y los funcionarios corruptos podría costarles a los cariocas el 10 por ciento de su mercado externo y la contabilización de unos 1.500 millones de dólares anuales en pérdidas.

Tal factura es apreciable, para un país como Brasil que lidera el ranquin de los exportadores mundiales de carne bovina y de pollo, mientras que en el caso de los porcinos ocupa la cuarta casilla. La agencia Efe recuerda que el daño reputacional y comercial se deriva del descubrimiento de una red de productores que sobornaban a fiscales sanitarios, a fin de vender carnes con plazos de calidad vencidos y adulterados con productos químicos no aptos para su consumo.

La reacción internacional no se hizo esperar y grandes clientes brasileños, como la Unión Europea, Hong Kong, Argentina, México y la China, suspendieron las importaciones de carne de ese mercado.

Un despacho de Efe indica que JBS, una de las mayores exportadoras de cárnicos del mundo salpicada por estos episodios, ha tenido que reducir su producción y otorgar vacaciones masivas a sus trabajadores a partir del 3 de abril y, por 20 días, en 10 de sus 36 unidades productivas.

En un comunicado, JBS calificó la medida como necesaria, “en virtud de los embargos temporales impuestos a la carne brasileña por los principales países importadores, así como por la reducción de las ventas de carne bovina en el mercado interno en los últimos diez días”.

Para José Félix Lafaurie, presidente de la Federación Nacional de Ganaderos (Fedegán), la mala hora que viven sus colegas también revela algo de la ética empresarial brasileña, golpeada internacionalmente por el caso Odebrecht. Aunque la brasileña Minerva, tercer grupo cárnico mundial, no ha sido salpicado por la carne contaminada, de todas maneras el dirigente gremial recuerda que, en Colombia, esa organización iba a resultar beneficiada con la compra de Friogán en 60.000 millones de pesos, cuando un avalúo contratado por la Supersociedades ha fijado su valor en 218.000 millones de pesos.

Lafaurie ve poco margen de beneficio de la crisis brasileña, entre otras razones porque Colombia importa poco de esa nación, que tiene mercados mucho más atractivos.

Javier Díaz Molina, presidente de la Asociación Nacional de Comercio Exterior, tampoco ha visto ganancias para los exportadores colombianos.

El dirigente gremial reconoce, sin embargo, que algo se le podría arrebatar a los comercializadores brasileños, pero para ello hay que hacer la tarea en materia de plantas de sacrificio certificadas, sobre todo ahora que por doquier se vuelve más exigente el cumplimiento de esas normas.

Para Díaz Molina, es un tanto iluso pensar que vamos a sustituir a Brasil, un productor que nos lleva mucha ventaja en materia de la industria cárnica y cuyos volúmenes y capacidades no son comparables con las de Colombia.

Más que hablar de Brasil, ambos voceros empresariales coinciden en llamar la atención sobre la ilegal competencia que en materia de carne representa hoy Venezuela.

Díaz Molina destaca que a medida que nuestro país va quedando libre de aftosa, la entrada de ganado venezolano de contrabando podría generar brotes de esa enfermedad, que nos cerrarían el comercio mundial que se ha venido abriendo.

En diálogo con este diario, Lafaurie señaló que “de Venezuela entra a Colombia, año corrido, cerca de 1 billón de pesos entre carnes y animales vivos. Solo el mercado de Cúcuta consume al año más de 300.000 millones de pesos en carne. Y como Cúcuta no está sacrificando, ese producto viene del país vecino”.
La carne, dijo Fedegán, entra por la Guajira, Cúcuta, Arauca y Vichada. La que llega por Paraguachón, por ejemplo, ingresa a Barranquilla y en Santa Marta ha desplazado el sacrificio local. Esa historia se repite en Valledupar y en los pueblos de la Guajira.

Lafaurie estima que la relación de precios llega a ser de 2 a 1. Y hasta comentó un caso que ha conocido directamente: en la Guajira el ganado está a 3.500 o 3.600 pesos el kilo de ternero, mientras que el de Venezuela sale a 2.700 pesos.

Ahora bien, en cuanto al riesgo de que carne contaminada brasileña llegue a Colombia, el Invima, a través de su director, Javier Humberto Guzmán Cruz, dio desde la semana anterior un parte de tranquilidad.

La primera razón, es que ninguna empresa brasileña está habilitada para traer carne bovina, porcina y aviar a este país. Y la segunda, es que el Invima inspecciona a todos los mataderos, para garantizar que la carne sea apta para el consumo humano.

Fuente: ElColombiano